El gasto no estaba donde yo miraba
Un mes medí lo que costaba «escribir solo». Ciento cinco textos, unas ocho mil visitas. Las reglas de redacción no llegaron a tres dólares. Lo que más quemó fue un bucle que reenviaba el catálogo entero para soltar veintiséis tokens.
La lección no es automatiza el blog. Es: si no mides la llamada, no sabes qué estás pagando. El anuncio nunca te enseña esa factura.